20 de julio de 2015

HASTA DE DIOS DESCONFIAMOS



HASTA DE DIOS DESCONFIAMOS


 Desgraciadamente estamos acostumbrados a ir sobre al faz de la tierra dedicados a la egolatría narcisista infernal, hicimos del mal camino una constante.

 Permanecemos olvidados de Dios, rengados de Él, totalmente entregados a la autodestrucción, empeñados en la perdición.

 Para colmo de males, nos sentimos orgullosos de ello, plenamente satisfechos, somos delirantes de orgullo que niegan la realidad y que cierran ojos y oídos para no verla ni escucharla cuando claramente se manifiesta.

 Nos hundimos-encerramos en nosotros mismos, nos aislamos olvidándonos de Dios, renegando de Él, y ahí nos envuelve el miedo nos doblega la preocupación, nos carcomen todos los sentimientos y pensamientos impuros propios de la ausencia de Dios que provocamos.

 En eso encontramos una excusa para continuar preocupándonos por nosotros mismos, para seguir olvidándonos de Dios, para dedicarnos con mas desesperación a satisfacer el ego, conformar el orgullo, saciar vicios.

 El miedo nos debilita y débiles nos hundimos preocupados y angustiados, desesperados e histéricos en nosotros mismos, así es como entramos en un círculo vicioso infernal en el que no hacemos mas que preocuparnos por nosotros y debilitarnos hasta acabar enloquecidos, desesperados.

 Ahí nos asusta el adversario, le basta con insinuar algo para que se genere mas preocupación, para que pensemos aun mas en nosotros y sigamos olvidándonos de Dios y renegando de Él.

 Siempre vamos a encontrar una excusa para hacer lo que queremos hacer. Lo que queremos hacer es preocuparnos por nosotros mismos inútil y constantemente.

 Esto lo aprovecha el adversario y nos sugiere motivos, nos dice aquello por lo que debemos angustiarnos, preocuparnos, desesperarnos, etc.

 Si no dejamos el camino inútil de pensar en sí obsesiva y desesperadamente, no vamos a abandonar el sepulcro de la egolatría y así es como terminaremos autodestruyéndonos, arruinándonos, estropeándonos de manera irrecuperable.

 También es así como acabaremos perdiéndonos sin remedio, porque pensando en nosotros, dominados por el miedo, ahogados en la preocupación, hasta de Dios desconfiamos.

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