31 de julio de 2015

NOS VOLVEMOS INCONSCIENTES



NOS VOLVEMOS INCONSCIENTES


 No hacemos lo que debemos hacer, aquello que nos corresponde, lo que es nuestra obligación, por eso es que nos sobra el tiempo para terminar haciendo lo que no debemos.

 Al no hacer lo que es esencial, nos perdemos en vanidades. Es inevitable, hay rebeldía en el corazón porque no hacemos aquello que es Voluntad de Dios, y esta rebeldía es aprovechada y manipulada por demonios que nos arrastran a una inconsciencia total.

 Inconsciencia total en el sentido de que pasamos por el mundo completamente olvidados de Dios, absoluta y miserablemente encerrados en nosotros mismos, miserable y odiosamente dedicados a la egolatría narcisista infernal.

 Nos volvemos inconscientes de Dios, permanecemos en tinieblas y a oscuras, en tinieblas por rebeldes y a oscuras por olvidados de Él, y en semejante situación el alma solo puede corromperé, pudrirse, deformarse, asemejarse a demonios.

 Nos volvemos inconscientes de Dios cuando nos volvemos demasiado conscientes de nosotros mismos al bajar la mirada y solo pensar en el abismo del ego.

 Lo peor es que no queremos escuchar, no hacemos un esfuerzo por entender, decimos que vemos y nos cerramos por completo a la realidad, le impedimos el Paso Libertador a la Verdad.

 Estamos completamente cerrados a Dios, impedimos Su Revelación, somos dementes que pretenden pasar por el mundo haciéndose adorar como dioses, empeñados en satisfacer su ego, preocupados solo por sí mismos.

 Considerar que impedir la Revelación de Dios es un pecado capital, esencial, original, horrendo, es como matar a Dios mismo, es privarse de Él, un suicidio espiritual.

 Al impedir su Revelación generamos el mismo infierno que nos atormenta, a la vez que abrimos las puertas del infierno para que salgan los demonios. Lógicamente que si los demonios salen del infierno no es justamente a pasear o a congraciase con las almas.

 Es como abrir las puertas de las cárceles y liberar a los peores delincuentes, lo que sucede es que aprovechan los demonios para atormentarnos, castigarnos, esclavizarnos.

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