31 de julio de 2015

¿POR QUÉ NO QUIEREN VER?



¿POR QUÉ NO QUIEREN VER?


 El dedicarnos-consagrarnos por completo a nuestro orgullo es lo que esta consumiéndonos, arruinándonos, lo que nos convierte en ególatras dementes apartados de la realidad.

 Permanecemos disociados de la realidad, encerrados en delirios orgullosos, vemos lo que queremos ver y mientras esto hacemos nos damos por completo a sostener esa fantasía en la que somos grandes, superiores, dioses, perfectos, etc.

 En el mismo sentido permanecemos evadidos de la realidad negándonos a ver la Verdad que se ha vuelto sumamente evidente, que ha quedado expuesta en los hechos.

 Seguimos viendo lo que queremos ver, continuamos negándonos a ver lo que es mas que evidente, por ello es que permanecemos fuera de la realidad, evadidos y encerrados en fantasías, perdidos en delirios orgullosos.

 Queremos creer que tenemos lo que queremos y por ello nos apegamos a lo que estamos haciendo negándonos a ver la realidad, no queriendo aceptar la Verdad y es ahí donde nos consumimos, arruinamos, desgastamos exponiéndonos a desaparecer.

 Somos caprichosos, tercos, obtusos, obstinados, nos hemos empecinado en conseguir lo que queremos, por ello es que no vemos la realidad, porque queremos ver la mentira, creer que tenemos lo que queremos.

 Así es como nos cegamos y ahí es donde terminamos autodestruyéndonos porque no queremos ver la realidad, no queremos aceptar la Verdad.

 La verdad es simple, no queremos aceptar el fracaso, no queremos admitir haber cometido un error, por ello es que seguimos apegados a un buque que se hunde, una realidad que se cae a pedazos negándonos a ver lo que realmente sucede.

 Si no aceptamos la realidad sumamente evidente, terminaremos de caernos, consumirnos, autodestruirnos, hundirnos, acabaremos de autodestruirnos y los únicos beneficiados serán los demonios que son quienes buscan tal cosa para tenernos con ellos allá abajo eternamente condenados.

 En definitiva, no vemos porque no queremos, por orgullo, para no aceptar el error, para no admitir un fracaso, para seguir defendiendo el delirio presuntuoso.

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