13 de julio de 2015

Y ENCIMA LES DAMOS LAS GRACIAS



Y ENCIMA LES DAMOS LAS GRACIAS


 Hemos perdido la noción de la realidad, no tenemos la más mínima ida de nada, somos completamente inconscientes de todo porque nos hemos olvidado de Dios para hundirnos en el abismo de la inmunda egolatría narcisista infernal.

 Olvidados de Dios, dedicados a nosotros mismos, quedamos bajo el yugo infernal, nos domina el miedo, nos somete la preocupación, nos doblega la debilidad, el histérico infernal del ‘yo’ se impone tiránicamente obsesionado, desesperado e histérico exigiendo ser obedecido, complacido, seguido, adorado.

 Nos encontramos totalmente a su merced, a disposición de sus caprichos, no admite que se le deje de prestar atención, exige obediencia, impone sumisión, demanda atención constante, no deja de exigir satisfacción para sus caprichos y ambiciones.

 Somos esclavos suyos, nos encontramos totalmente a su merced, y lo peor es que queremos estarlo, somos como esos idiotas que se sienten satisfechos de sus delirios de orgullo porque realmente no somos otra cosa.

 También, somos como esos idiotas que se ven rodeados de prostitutas porque tienen poder y riquezas creyendo que son amados y adorados, llegan a creerse dioses incluso, no ven la realidad, no admiten que esos gusanos vienen a devorar, socavar y a sacar su tajada fingiendo adoración.

 Los demonios nos rodean, cercan y se cuelgan como sanguijuelas devorándonos el alma por medio de los vicios.

 El ‘yo’ reina e impera en esa corrupción en la que delirantes nos creemos dioses negándonos a ver que es una carnicería, que nos están devorando crudos, que todos se benefician de nosotros y se satisfacen con lo que es nuestro.

 Somos unos idiotas, somos ciegos porque queremos, porque queremos creer que somos dioses adorados y reyes satisfechos cuando en realidad están devorándonos crudos, cuando todos se aprovechan robándonos la vida y hasta la entregamos suponiendo que es verdad lo que no es mas que adulación, lisonja infernal, zalamería.

 Mientras continuemos dejando que nos roben y hasta adoremos a quienes lo hacen, no les cuesta nada a ellos decirnos que somos dioses o reyes como queremos creer que lo somos. La verdad es que somos unos ególatras sumamente imbéciles, nos saquean el alma, nos roban vida y encima les damos las gracias.

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