31 de diciembre de 2017

¿QUÉ CELEBRAMOS HOY, DOMINGO 31 DE DICIEMBRE?, La Sagrada Familia de Nazaret. Contemplar dos espiritualidades diferentes



¿QUÉ CELEBRAMOS HOY, DOMINGO 31 DE DICIEMBRE?, La Sagrada Familia de Nazaret. Contemplar dos espiritualidades diferentes



 Es la festividad de la Sagrada Familia.

 Podemos meditar sobre este misterio y entender lo que Dios quiere hacer en estos tiempos.

 Contemplar a las tres personas de la Sagrada Familia, María Virgen, San José y Jesús, El Señor. En medio se encuentra El Señor, a su derecha se encuentra María Virgen, y a su izquierda se encuentra San José.


A) Considerar las dos espiritualidades:


1.- San José: Representa la espiritualidad humana, aquella espiritualidad que surge del esfuerzo propio que Dios acompaña, aprueba y bendice.

2.- María Virgen: Representa la espiritualidad Divina, aquella espiritualidad que Dios hace y que el alma fiel acompaña, acepta y en la que colabora siguiendo-obedeciendo al Señor.


B) Considerar el efecto-resultado-fruto:


1.- Jesús, El Señor, es hijo adoptivo de San José, en él no se encarnó, no se gestó ni de él nació, él solo lo adoptó.

2.- Jesús, El Señor, es verdaderamente Hijo de María Virgen, en Ella se Encarnó, en Ella se gestó y de Ella nació.


C) Considerar las dos espiritualidades a las que podemos acceder:


1.- Si nos esforzamos en ser santos por cuenta propia, Dios puede aprobar, acompañar y bendecir nuestro esfuerzo-sacrificio diario, entonces, podemos llegar a ser como San José, es decir, tendremos a Jesús, El Señor, como de prestado, nuestra vida espiritual llegará a cierto límite, seremos hijos adoptivos de Dios.

2.- Si aceptamos la obra de Dios en nuestra vida, diciendo como María Virgen “FIAT” (=Que Se Haga) a la Voluntad Divina, Él va estableciendo su Vida-Presencia-Reinado y es así que nos da-dota-dona una espiritualidad Divina, que es aquella espiritualidad que Dios hace y en la que el alma fiel acompaña, acepta y en la que colabora siguiendo-obedeciendo al Señor. El efecto es que tenemos a Jesús, El Señor, como posesión, por derecho propio, hallamos gracia delante de Dios altísimo y llegamos a ser verdaderamente hijos de Dios, a imagen y semejanza de su Hijo, porque acá es donde Él Vive en nosotros tal y como lo dijo San Pablo, “Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo El Que Vive en mí”.




Ejemplos
Considerar las dos espiritualidades
Considerar el efecto-resultado-fruto
Considerar las dos espiritualidades a las que podemos acceder
1
San José
Representa la espiritualidad humana, aquella espiritualidad que surge del esfuerzo propio que Dios acompaña, aprueba y bendice.
Jesús, El Señor, es hijo adoptivo de San José, en él no se encarnó, no se gestó ni de él nació, él solo lo adoptó.
Si nos esforzamos en ser santos por cuenta propia, Dios puede aprobar, acompañar y bendecir nuestro esfuerzo-sacrificio diario, entonces, podemos llegar a ser como San José, es decir, tendremos a Jesús, El Señor, como de prestado, nuestra vida espiritual llegará a cierto límite, seremos hijos adoptivos de Dios.
2
María Virgen
Representa la espiritualidad Divina, aquella espiritualidad que Dios hace y que el alma fiel acompaña, acepta y en la que colabora siguiendo-obedeciendo al Señor.
Jesús, El Señor, es verdaderamente Hijo de María Virgen, en Ella se Encarnó, en Ella se gestó y de Ella nació.
Si aceptamos la obra de Dios en nuestra vida, diciendo como María Virgen “FIAT” (=Que Se Haga) a la Voluntad Divina, Él va estableciendo su Vida-Presencia-Reinado y es así que nos da-dota-dona una espiritualidad Divina, que es aquella espiritualidad que Dios hace y en la que el alma fiel acompaña, acepta y en la que colabora siguiendo-obedeciendo al Señor. El efecto es que tenemos a Jesús, El Señor, como posesión, por derecho propio, hallamos gracia delante de Dios altísimo y llegamos a ser verdaderamente hijos de Dios, a imagen y semejanza de su Hijo, porque acá es donde Él Vive en nosotros tal y como lo dijo San Pablo, “Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo El Que Vive en mí”.


 Comparamos una obra humana que, por mas bien intencionada que sea, siempre es limitada e imperfecta (Dios encuentra defectos hasta en sus Ángeles dice el Santo de Job), y una obra Divina que siempre es ilimitada y perfecta.

 Esta comparación, en términos bíblicos, nos lleva a decir que hay entre ambas clases de obras, la misma distancia que entre oriente y occidente o entre la tierra y el cielo.



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